Keith Rowe. Concentration Of The Stare

La historia de la modernidad artística podría escribirse como la peculiar relación entre música y pintura. Dicha relación ha tenido que ver con el proceso hacia la abstracción, donde la pintura trataba de seguir a la música como la más “abstracta” de las artes, un ideal al que se debía tender. Esto se hizo explícito en textos de Kandinsky o Klee, y en los títulos de muchas pinturas o esculturas de la modernidad, como composición, sonata, sinfonía, etc.

Andando el tiempo, la pintura se había liberado casi totalmente de la representación y entonces fue la música, atrapada en el sentimentalismo y la descripción del romanticismo la que buscaba ejemplos externos que emular. Y en esto llegó una parte de la escuela de Nueva York trayendo las pinturas inexpresivas de un Barnett Newman y, sobre todo, de un Mark Rothko. Por otro lado, la música contemporánea americana se estaba sacudiendo los dictados del dodecafonismo y el serialismo y acabó dando, entre otros, con Morton Feldman.

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