Bill Viola en el Grand Palais de París

El museo francés acoge hasta el 21 de julio la primera monografía que dedica al gran gurú del videoarte y pintor de la intimidad.

El videoartista neoyorquino Bill Viola (1951) presentó esta semana en el Grand Palais de París una de las mayores retrospectivas de su trabajo en la que, hasta el 21 de julio, se reúnen 20 obras maestras realizadas entre 1977 y 2014 por este lector de grandes místicos y practicante zen desde hace décadas. La vida, el nacimiento, la muerte y con ellos el tiempo son los protagonistas del conjunto seleccionado, que incita o más bien fuerza la reflexión metafísica, pues descubrir la mayor parte de las obras en su totalidad exige permanecer ante ellas cierto tiempo.

Entre diez y veinte minutos pueden ser suficientes para contemplar una primera vez las instalaciones y cuadros en sutil movimiento de este pionero del viodearte que ha inaugurado monográficas en los principales museos del mundo. Sin embargo, algunas piezas, como el tercer panel de su políptico Going Forth By Day (2012), The Deluge, ocupan hasta 36 minutos al visitante, desde que descubre la vida aparentemente normal ante el número 529 de una calle cualquiera y percibe un ajetreo cada vez más inquietante, hasta que el agua penetra en el edificio y destroza todo a su paso.

Acompañado de su esposa y comisaria de la muestra, Kira Perov, Viola habló más que de su arte de su experiencia vital y espiritual, de inevitable eco en su creación. Recordó, así, que “la vida es corta, a veces demasiado corta, si todavía no hemos comenzado nuestro camino aquí”; evocó “la fuerza que vive entre nosotros permanentemente” y citó los tres elementos fundamentales de la Humanidad, que para él son los no nacidos, los vivos y los muertos. Celebró la suerte de cometer errores, como un paso más hacia la tan poderosa y necesaria transformación del ser humano; y la necesidad de ser vigilantes con la profusión de información que nos rodea hoy “para hacernos consumir más”.
La vida, el nacimiento, la muerte y con ellos el tiempo son los protagonistas del conjunto seleccionado, que incita o más bien fuerza la reflexión metafísica, pues descubrir la mayor parte de las obras en su totalidad exige permanecer ante ellas cierto tiempo.

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