Lou Reed el artista que unió el rock con el arte contemporáneo

Fue el icono del rock salvaje e intelectual, el músico que, con su voz y su mirada sin fondo, hizo añicos la camisa de fuerza de los convencionalismos y la moral de la rígida sociedad norteamericana de segunda mitad del siglo XX. Fue el vicio y la soledad, el exceso y el nihilismo, el delirio y la cruda realidad. Fue, simplemente, Lou Reed, el poeta de verso afilado.

Su muerte supone un duro adiós para los aficionados al rock. Porque Reed era una de las voces más célebres de la historia de la música, autor de una obra en solitario excelsa y nada convencional, pero también conocido y respetado por ser el fundador de The Velvet Underground, una de las formaciones más influyentes de todos los tiempos, verdadera banda rupturista en el arte musical.

Nacido en marzo de 1942 en el barrio de Brooklyn, Reed era un genuino neoyorquino, que creció bajo la influencia de los vibrantes sonidos del doo-wop y el rhythm blues que inundaban las calles de Nueva York, siendo Frank Valli & The Four Seasons una de sus formaciones de cabecera. Amante de la literatura, pronto mostró gran interés por las letras. En la Universidad de Siracusa, conoció al poeta Delmore Schwartz con el que entabló una buena amistad e impulsó su pasión por la lírica.

Esa combinación musical y literaria forjaría la personalidad indescifrable de un adolescente de carácter introvertido y problemático, que fue sometido a terapias de electroshock por su familia y que encontraría en el rock’n’roll, como tantos jóvenes, su vehículo de escape pero también su lugar de identificación. En 1964, instalado en Nueva York tras su paso universitario, fundó, junto con John Cale, The Velvet Underground, la banda apadrinada por el artista plástico y cabecilla de la modernidad estadounidense, Andy Warhol. A ellos se unieron Sterling Morrison y Maurren Tucker.

El grupo nació como una formación de rock de vanguardia en tanto en cuanto rompieron con todo. Literalmente, lo hicieron: rompieron, y su paso revolucionario lo llevaron a golpe de guitarras estridentes, viciadas en su rock primitivo, y ofreciendo unas estampas urbanas desoladoras y salvajes, donde se le dedicaba una canción a la heroína y se hablaba sin cortapisas de los excesos de la vida trasnochadora. Las cosas como son: Lou Reed dejó a John Lennon, Bob Dylan o Mick Jagger como auténticos niños buenos. Porque el universo de la Velvet, plasmado en su primer e irrepetible álbum The Velvet Underground & Nico con la famosa portada del plátano de Andy Warhol, era un mundo lleno de sórdidas vidas que sonaban en el reproductor musical como un puñetazo en la mesa, como un chutazo de rock y poesía, que hacía caerse como un castillo de naipes los preceptos puritanos y bien pensantes de la sociedad norteamericana de los sesenta. Si Dylan o los Beatles liberaban tu mente, la Velvet de Reed te la hacían estallar. Y era casi imposible ser la misma persona después de escuchar canciones como Heroin.

En 1972, empezó su carrera en solitario con un disco que llevaba su nombre pero no fue hasta la publicación de Transformer, ese mismo año, cuando volvió a darle la vuelta al concepto de canción rock, con la recreación de su mundo de travestis, drogadictos y desamparados de ciudad. Una obra maestra, que se desarrolla como un paseo por el envés del sueño americano. A este trabajo pertenecen Vicious, A perfect day y Walk on the wild side, posiblemente su canción más conocida. Con este disco, como una afrodita atómica, se convirtió en estandarte del futuro glam-rock. David Bowie o Marc Bolan no tardaron en reivindicarle. El fracaso comercial más estrepitoso llegó con Metal machine music, que sin embargo la historia ha situado como bastante influyente en bandas como Sonic Youth, mientras que su halo de poeta del underground ganó en brillantez con el álbum Coney Island baby.

Tenía fama de huraño, de ser un hombre imposible desde edad adolescente, manipulador e imprevisible, de trato muy difícil. Incluso en los últimos años no paraba de ganar detractores por sus últimas propuestas artísticas, tan alejadas de sus primeras señas de identidad, como el vilipendiado disco Lulu, que grabó con la ayuda de Metallica. Pero Lou Reed era un icono, un gran enigma, cuyo pasado avalaba ya todo lo que sucedía entorno a su figura. Porque Lou Reed representaba el lado salvaje, el intelecto aplicado a la quimera de las calles y las noches sin fin ni rumbo. Simbolizaba, a fin de cuentas, como nadie, la poesía del perdedor.

Fuente: El Pais

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