Urbes mutantes en el ICP de Nueva York

El International Center of Photography (ICP) de Nueva York presenta Urbes Mutantes: fotografía latinoamericana 1944 – 2013, un amplio estudio de los movimientos fotográficos en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, México, Perú y Venezuela, donde el enfoque es la ciudad latinoamericana durante períodos de disturbios sociales.

La exposición abarca varias décadas, pero se concentra especialmente en obras producidas entre los años 50 y 80, principalmente fotografía en las calles y representaciones de espacios públicos durante períodos de disturbios sociales. Está organizada en secciones que exploran la calle como una plataforma para protestar, la creación de identidades urbanas, la cultura popular de la calle y la cara pública de la pobreza.

Urbes Mutantes resalta la profundidad, la riqueza y la diversidad de la amplia historia fotográfica de la región. La exposición incluye más de 200 imágenes extraídas de la Colección Leticia y Stanislas Poniatowski, uno de los archivos más extensos de fotografía latinoamericana. La muestra incluye a artistas y fotógrafos como Francis Alÿs, Alexander Apóstol, Luz María Bedoya, Marcelo Brodsky, Milagros de la Torre, Paz Errázuriz, Paolo Gasparini, Eduardo Gil, Marcos López, Jorge Macchi, Pedro Meyer, Gabriel Orozco, Leonora Vicuña, León Ferrari, Geraldo de Barros, Graciela Iturbide, Maya Goded, Lourdes Grobet, Pablo Hare, Álvaro Hoppe, Alberto Korda, Sergio Larrain y Claudio Perna.

En el contexto de las ciudades latinoamericanas, los muros cobran vida para plasmar citas y gritos mudos de protesta y reclamar reconocimiento a las diversas causas. Han sido la herramienta contestataria más directa y duradera frente a las recurrentes heridas sociales, económicas y políticas. Este recurso de protesta, casi siempre anónimo, ha desenmascarado desde la represión por las dictaduras y la disidencia política, hasta las imposiciones colonizadoras de los países de Primer Mundo. Por otro lado, las ruinas urbanas y los muros derruidos han sido el reflejo del abandono abrupto de proyectos inconclusos e inclusive de patrimonio invaluable que, sin registros fotográficos como los presentados, pasaría al olvido.

Con el crecimiento de las ciudades, la vida callejera hace que el hogar se desplace y con ello que muera la privacidad. En ese sentido, los habitantes de la noche, más que nadie, revelan cómo vivencias antes imposibles ahora son factibles en la vida pública nocturna. La calle se convierte en escenario para el teatro de historias entrecruzadas. La noche trae consigo la cara más oscura de las ciudades, no solo con sus parrandas, fiestas y bullicio, característicos de los países latinoamericanos, sino escondiendo bajo su máscara la delincuencia y los excesos.

La relación entre la fotografía y los movimientos de masas es una constante en la historia del continente durante los últimos 100 años . Inclusive se puede decir que las protestas se han apoyado en la fotografía para trascender en el tiempo.

La rebelión y la protesta no han cesado en América Latina y la fotografía ha sido el vehículo para develar la tensión por causas políticas, económicas y sociales cuyo mayor impacto se vivió en los años sesenta y setenta. Las fotografías evidencian la relación directa que hay entre estos movimientos masivos y la ciudad. La convulsión fluye entre plazas y calles, plataformas necesarias para estas batallas y para los melodramas que persisten en el continente: luchas en contra de un poder desmedido en dictaduras o gobiernos autoritarios y enfrentamientos contra el afán colonizador que ha perjudicado al pueblo.

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